Crecí en el campo del norte de los Países Bajos. Los campos, el viento, el agua — ese era mi mundo. En el agua encontré una quietud que no encontraba en ningún otro sitio. Sin presión por rendir, sin expectativas. Solo estar.
De adolescente me mudé a la ciudad y me perdí. Me sentía un outsider — a la deriva en un mundo que no encajaba conmigo. Las artes marciales me devolvieron algo: estructura, disciplina, un hogar dentro de mi propio cuerpo.
Kárate, Tang Soo Do, Muay Thai, Kung Fu — me lancé a todo ello. En 1996 me convertí en campeón del mundo de Tang Soo Do. Pensé que había encontrado lo que buscaba.
Una lesión grave durante un sparring puso fin de golpe a mi carrera competitiva. Lo que vino después fue un periodo oscuro — el cuerpo en el que había aprendido a confiar me fallaba.
Desde ese lugar descubrí el Qigong y el Tai Chi. Sin rendimiento, sin competición — solo atención, respiración, movimiento desde la quietud. Era lo opuesto a todo lo que conocía. Y funcionó.
"Enseñamos a las personas a sentir primero y a entender después — nunca al revés."
Tenerife es mi hogar desde hace más de 20 años. El océano, las montañas, la calma — aquí redescubrí la conexión con la naturaleza que conocí de niño. El surf me devolvió al cuerpo de una manera que ningún programa podría.
Desde Arona doy talleres, entrenamiento personal y retiros. Al aire libre, en la naturaleza, con el Teide a la vista — ahí es donde el trabajo llega más hondo.
"Tu cuerpo no es un problema a resolver. Es una inteligencia a la que escuchar."